Por: Allan, Marta y Mariechen
El rojo de la vida
Una niña llevaba mucho rato de estar sentada en un incómodo taxi. Cansada de observar la interminable fila de carros que esperaba en el semáforo en rojo y que continuaba más allá de él, se volvió curiosa hacia su madre y le preguntó, - Mamá, ¿cuál ha sido el mejor regalo que has recibido?- Con una leve sonrisa su madre le respondió, -Una extraña caja que me regaló tu padre- Como la niña quería saber más, su madre prosiguió con el relato.
-Era un día de Hallowen. Estábamos saliendo de nuestra casa porque íbamos a ir a una fiesta en casa de tu abuela. Tu padre vestía un malhecho traje de diablo, con un capote color fuego que llevaba como capa. El se me acercó. Tenía entre sus manos un presente para mí. Era una caja envuelta en papel de regalo con un gran lazo rojo. En su interior había una serie de objetos desiguales y una carta que los explicaba uno a uno.
La niña parecía estar cada vez más interesada en aquella anécdota que su madre estaba compartiendo con ella. La pequeña, bien exaltada, le pidió que le contara lo que decía la carta. –Aún recuerdo las frases, ¿Sabes? Decían algo así…:
“Te regalo un lápiz de labios para que pintes con alegría una sonrisa todos los días, una manzana para compartir después del trabajo, deliciosas fresas para endulzar tus atardeceres y jugosas cerezas para saborear cada anochecer”.
-¡Qué hermoso mamá!- Exclamó la niña y luego agregó, -Mira… mira… ¡Hemos llegado a casa!- Sobresaltada su madre dejó a un lado sus pensamientos, le entregó un billete de mil colones al taxista y contenta se bajó del auto junto a su hija.
Un par de horas después, la pequeña traviesa, jugando con su gato, se lastimó uno de sus dedos. -¡Mamá…mamá…! Mira… Tengo sangre en el dedo… Me duele… ¡Mamá…!- La mujer procuró tranquilizarla y mientras le limpiaba la herida, la niña retomó la conversación pasada, -... pero, ¿por qué mi papá te regaló aquella caja? No era tu cumpleaños, ni su aniversario, ni navidad… – Su madre, algo conmovida, reveló que las últimas líneas de la carta explicaban la razón, -No tengo motivo alguno para regalarte esta caja, más que para agradecerte por ser el rojo que da color a mi vida-.
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